Calle Galiana

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Con 252 metros de soportales Galiana es una de las calles más emblemáticas de Avilés junto con la de Rivero conformando un casco antiguo que, sin duda, sorprenderá al visitante.

Precisamente los soportales son uno de los elementos más llamativos del casco antiguo de la ciudad. Los soportales son un espacio cubierto pensado para cobijar de la lluvia y del sol. Como dato curioso, decir que las casas soportaladas, además de almacén en la parte baja y vivienda en la parte superior, tienen en la parte trasera un huerto, por lo que antiguamente los habitantes disponían de una buena despensa. Algo importante teniendo en cuenta que la calle nació en el siglo XVII, coincidiendo con el crecimiento de la Villa de Avilés fuera del conjunto amurallado.

Otra característica de la calle es el pavimento de los soportales, que se divide en una parte empedrada pensada para el tránsito del ganado y otra de loseta para los ciudadanos. Algo que, sin duda, dota a Galiana de un encanto particular. Encanto que se puede apreciar en cada uno de sus rincones desde las hermosas balconadas de las casas hasta la hornacina de la Virgen del Carmen que el visitante curioso podrá descubrir hacia la mitad de la calle, escondida entre los soportales.

Al lado izquierdo de la calle llama la atención la imponente Casa de Arias de la Noceda que contrasta con las modestas casas soportaladas. Se trata de una residencia de indianos, como indica la típica palmera señal del paso de sus dueños por América, que fue construida en 1883 y que actualmente alberga dependencias municipales.

Pero no todo es historia, esta es una calle llena de vida donde se puede pasear, comprar antigüedades o disfrutar tomando algo en los múltiples restaurantes y vinotecas tanto dentro de los locales como al cobijo de los soportales. Y que coincidiendo con el sábado de Carnaval (o como se dice aquí Antroxu) se transforma en un auténtico río para celebrar el Descenso Fluvial Internacional de Galiana, en el que originales “embarcaciones” bajan deslizándose en medio de un mar de espuma mientras los vecinos riegan con generosidad a los participantes. Una fiesta que se celebra desde 1987 y es una de las citas más destacadas del Carnaval en el Norte de España.

Fotografía: Mario Álvarez Rodríguez

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